La triada sistémica: El logo de Consultoría Humana

Por Humberto Sandoval
El origen del logo de Consultoría Humana tiene dos fuentes. Contando con la paciencia de nuestros amables lectores voy a hacer una breve reseña de la forma en que apareció.
La primera historia tiene que ver con una experiencia de trabajo muy grata con Jorge Sáenz, amigo y socio. Corría el año 1998. Nos encontrábamos él y yo en una encrucijada en la que debíamos ayudar a un cliente muy importante en aquel entonces,  con una propuesta metodológica para analizar la relación entre un gran número de variables venidas de contextos muy diversos. Este análisis tenía, además la particularidad, de que debía privilegiar en un momento determinado  ciertos énfasis y poner a girar todo a su alrededor. Dicho de otra manera, debía hacer evidente los intereses de análisis del equipo responsable de construir hipótesis de trabajo y acciones consecuentes para ser validadas. Las  metodologías existentes no nos resultaban sencillas y fáciles de utilizar, pues en realidad el equipo de nuestro cliente no contaba con mucho tiempo y además no mostraban lo que nos interesaba hacer más evidente.
A partir de varios ejercicios “a mano alzada”, en medio de bromas y concienzudas conversaciones logramos dar forma a un esquema que en realidad nos permitía “organizar” un conjunto de ideas que ya venían rondando en nuestra discusiones tanto en el equipo consultor, y en mi caso como parte del equipo de investigación de la Maestría de Psicología Clínica y de Familia de la Universidad Santo Tomás.  En ese momento la denominamos de forma espontánea “triada sistémica de núcleo variable” y así se quedó. La representación fue muy sencilla y las implicaciones importantes para el desarrollo de nuestra metodología: tres circunferencias entrecruzadas que ponen de presente tres contextos y dan lugar a la visualización de sus intersecciones;  un núcleo que puede cambiar, según sea necesario, y alrededor del cual se puede precipitar  (orientar y delimitar) el análisis.
La virtud de la triada consiste en que puede ayudarnos a visualizar a una, diversos grupos de variables  según las exigencias de un tipo de análisis, es decir, según un núcleo. Otras metodologías no nos permitían ver claramente la forma en que  el interés del equipo de investigación o de intervención “actúa” en la construcción de sus hipótesis y por tanto en la construcción de los  resultados, razón por la cual satisfacía una necesidad, digamos epistemológica y es que para nosotros la “pura objetividad” como dice Von  Foerster es “la pretensión de que se pueden hacer observaciones sin sujeto observador”  lo cual es un absurdo. En este sentido la neutralidad es la vocación del investigador o consultor de poner de presente sus pretensiones y las de sus clientes para que todos se hagan conscientes de sus implicaciones.

Además, y esto resulta de mucha importancia para nuestra metodología, nos permitía observar continuamente varios principios sistémicos: holismo de que el todo está en la parte y la parte en el todo; las retroacciones de que las causas pueden convertirse en efectos y al contrario; la equifinalidad de que todos los elementos de un sistema (en este caso un conjunto de variables como recorte de un sistema más amplio) tienden al cumplimiento de un fin “inscrito” en sus órdenes más profundos,  la autopoésis de que el sistema es capaz de organizarse a sí mismo, en este caso el análisis alrededor de su núcleo como lo venimos diciendo. Finalmente nos permitías ver la recurrencia, esto es, la forma en que continuamente todos los elementos de un análisis se refieren los unos a los otros en un determinado grado dependencia, si se quiere, de forma que la gracia del análisis está en identificar esta relación según el interés de la investigación o la intervención. Pone de presente una idea sencilla y profunda del pensamiento sistémico que dice que son tan importantes las partes como las pautas que las conectan.
La segunda también tiene su origen en discusiones sobre las implicaciones de la metodología en el desarrollo de nuestros clientes. En ese año  conversábamos  mucho sobre las líneas básicas de nuestra metodología. Uno de los temas recurrentes era el de los contextos restrictivos que debía abordar un proceso de transformación; pronto nos dimos cuenta de que se podían identificar y utilizar estos contextos tanto en procesos muy amplios y complejos como en procesos de intervención individual o de equipo ya que los tres conviven  simultáneamente por obra y gracia del  holismo de los sistemas vivos: persona, equipo y organización.
De hecho, en una importante empresa de alimentos debíamos llevar a cabo un proceso de apoyo para el retiro de un grupo de personas debido a una re-estructuración. Nos pedían apoyar a este grupo de personas y por primera vez decidimos utilizar  sistemáticamente desde la construcción de la propuesta hasta el proceso de intervención la conexión entre los tres contextos, y si bien ya los veníamos utilizando no estaba formalizado como lo amerita una metodología de intervención-investigación como la Nuestra.
De allí nació la intervención sistémica individual, con inspiración en la cibernética de segundo orden. Recuerdo que propuse al equipo de compañeros la ideas de utilizar el recurso de la observación de segundo nivel para el proceso de intervención individual observando la conexión entre los tres contextos. La idea fue acogida casi inmediatamente y a partir de allí los aportes de Nelson Rojas, Henry Salazar, Jorge Sáenz y Miguel González han sido determinantes para dar forma a los protocolos de primer y segundo nivel de observación-intervención, tanto para la intervención individual como para la intervención de equipo y la intervención en RED, así como a todas las herramientas que exigen estos procesos.
Los tres contextos de forma recurrente se conectan  y movilizan incesantemente en una danza en la que el bucle de la individualidad adquiere forma por el contexto del trabajo y este por la forma en que una persona despliega sus capacidades según su propia historia conectada a las exigencias del contexto más amplio, el de la organización como totalidad sistémica. El es el contexto inmediato en el que la personas despliega su capacidad y encuentra el escenario para desarrollarse y perfeccionar los mecanismos de coordinación que necesita para trabajar con otros. El equipo es un tejido de interacciones entre personas que comparten una finalidad para el cumplimiento de unos objetivos de área y de organización; la organización es una red que se conecta y actualiza continuamente a través de los mecanismos que ha definido para cumplir sus fines. Las mismas  reglas que permiten delimitar cada contextos permiten comprenderlo y movilizar sus recursos.
Aquí está finalmente representado lo que dice Hofstadter en su sugerente idea sobre la infinitud. La imagen de las intersecciones del centro orientadas por un núcleo, nos permite graficar sencillamente la continua recurrencia entre los tres contextos: persona, equipo, organización. El logo de Consultoría Humana está inspirado en esta maravillosa co-determinación del pensamiento sistémico. Sus colores se refieren al azul de la persona (despliegue de capacidad), la rojo del equipo (tensión de interacción) y al verde de la organización (esperanza: “verde que te quiero verde”).