Parte 3: Una cosa son las palabras y otra los hechos

por Humberto Sandoval Barrera y Nelson Rojas Rodríguez

¿Cómo se ha transformado la jerarquía en la organización en la nueva situación?


La pandemia, con su irreverencia y universalidad, nos ha puesto frente a una realidad que habíamos querido ignorar: nuestra vulnerabilidad. ¿Quién está por encima de alguien en esta situación?
Otros desastres nos lo habían enseñado, pero lo olvidamos: es determinante para nuestras vidas, el reconocimiento del otro y su presencia plena; la absoluta irreductibilidad de su singularidad. ¿Quién pude pensar en la construcción de un futuro posible sin los demás?


En esta situación, es inevitable replantear la jerarquía. El liderazgo es un mecanismo de regulación de la interacción, basado en el reconocimiento mutuo de la diferencia, del conocimiento, la ascendencia moral y la facilitación para el logro de los propósitos del sistema humano sin sacrificar las necesidades y posibilidades de sus miembros.


El golpe de gracia ha sido dado. ¿A qué estamos dispuestos? a dar juego a la irreverencia y la frontalidad, en todos los niveles organizacionales, para suscitar la creatividad; aceptaremos que debemos formular más preguntas y emitir muy pocos juicios, seremos tan valientes como para reconocer que el objetivo fundamental es el desarrollo de la gente para llegar a las metas, podremos dar el giro radical de alentar la humildad y coherencia de nuestros líderes…


Lo anterior no niega en absoluto, que el mecanismo primordial, que hace posible cualquier sociedad, es un conjunto de valores que nos señalan la forma de coordinar medios y fines.


¡El futuro nos exige un sistema de relaciones laborales, familiares y sociales que en verdad ponga en el centro que nos necesitamos!