Parte 2: Una cosa son las palabras y otra los hechos

¿Qué hacer para que la revitalización sea un hecho?

Es demasiado lo que hemos hablado sobre la necesidad que tienen las organizaciones de revitalizarse y energizarse. Sin embargo, hablamos tan poco de cómo se logra esto; y la gente, de forma sorprendente, siente que ya hizo, sin haber hecho lo suficiente y se disponen a seguir adelante, sin advertir el efecto de sus acciones.


Hay un fantasma dando vueltas por la organización: tenemos muchos datos que nos hablan de la importancia de que las personas vuelvan sobre sí mismas, revisen sus aspiraciones, su sentido de vida, sus expectativas de desarrollo, porque consciente e inconscientemente, todos nos hemos visto abocados a redefinir nuestra forma de vivir; no obstante, las organizaciones no terminan de darle la cara a esta situación, para crear escenarios que permitan a sus colaboradores procesar todo esto de fondo.


La pandemia llegó a la casa de cada uno, al trabajo, penetró todos los ámbitos de la vida, revolvió los contextos, de una forma en la que el temor a perder el empleo llevó, de manera explícita o implícita, a las organizaciones a aprovechar estas circunstancias para que lo laboral ejerciera cierta tiranía sobre lo personal y lo familiar. ¿Ahora que nos hemos adaptado a la nueva realidad, retornamos a los paradigmas anteriores, como si no hubiera pasado nada?


En realidad, si las organizaciones pretenden una revitalización autentica, deben partir de la vivencia de su gente. Asegurarse de formar parte de experiencias que les permitan construir posibilidades para proyectar de forma esperanzadora su futuro. ¿La organización a qué está dispuesta por sus trabajadores?