¿Se puede meditar virtualmente?

En los últimos años, una de las prácticas que más adeptos ha conseguido es el mindfulness, una terapia que ha despertado el interés de los científicos, quienes han puesto manos a la obra para tratar de evaluar los beneficios reales de esta técnica.

Mindfulness es el nombre dado por Jon Kabat-Zinn a un conjunto de técnicas que, según algunos autores, tienen su origen en lo que tradicionalmente se conoce como meditación vipassana, que significa “ver las cosas tal y como son en realidad”.

“Es la capacidad que todos tenemos de prestar atención al momento presente de forma serena y neutral, sin dejar que nuestra mente sea arrastrada por sus propios automatismos: pensamientos, juicios, creencias o emociones”, explica a Sinc José Manuel Calvo, licenciado en psicología y experto en coaching y mindfulness.

 Te puede interesar COMPORTAMIENTOS + RESULTADOS + ESTRATEGIA = VICTORIA DEL CAMBIO

Pero no estamos ante algo tan nuevo. La meditación clásica ya hace esto; sin embargo, siempre ha estado rodeada de un aura religiosa que le ha hecho que se gane detractores, sobre todo en el área de la ciencia.

Pero lo que sí es nuevo es que hoy en internet se ofrecen cientos de cursos de mindfulness, basados en realidad virtual, que buscan transportar a las personas a lugares tranquilizantes mientras practican la meditación.

Tras el auge de estas terapias, los científicos han trabajado para tratar de evaluar los beneficios reales de la técnica. En PubMed, el principal portal de búsqueda de artículos biomédicos de acceso libre, se pueden encontrar más de 3.000 estudios que hablan de mindfulness.

Algunos trabajos científicos relevantes lo sitúan como una ayuda para reducir del estrés, la depresión y la ansiedad o, incluso, mejorar la salud mental de pacientes con cáncer.

“Casi todas las terapias nuevas en el ámbito de la salud mental intentan demostrar su eficacia para tratar la depresión. Lo que ocurre es que la tristeza es bastante susceptible de aminorarse con casi cualquier cosa, desde hacer deporte o dar paseos hasta socializar”, explica a Sinc Eparquio Delgado, psicólogo.

Delgado defiende que ya existen otros procedimientos útiles para reducir el estrés, la ansiedad o la depresión. “Lo interesante de una nueva técnica es saber en qué mejora lo que ya tenemos”, puntualiza el psicólogo.

Una poción milagrosa

La mayoría de los individuos que recurren a estas terapias sufre ansiedad o depresión por motivos subyacentes, a los que la meditación no encuentra solución.

Aunque la meditación otorga beneficios reales a quienes lo practican –tal y como se ha señalado en estudios como el publicado en 2013 en el Journal of Consulting and Clinical Psychology, que señala que las prácticas de mindfulness llegan a reducir en un 43 % las recaídas de personas con depresión–, esta moda está haciendo surgir centenares de terapias que prometen beneficios de todo tipo, como las virtuales.

“La técnica del mindfulness puede ser una alternativa para tratar ciertos trastornos mentales como la depresión, como la depresión. Lo que no se puede plantear es que sirva para todo, en todas las situaciones y enpara todas las personas”, señala el autor.

“Sería interesante demostrar su eficacia en la atención, ya que este tipo de meditación se traduce como ‘conciencia plena’ o ‘atención consciente’. Sin embargo, no hay metaanálisis que demuestren efectos significativos sobre la atención”, añade el psicólogo Delgado.

¿Sinónimo de felicidad?

Quienes promulgan la neurofelicidad, uno de los conceptos de moda, aseguran que conseguir la auténtica plenitud es posible si se cultiva con las fortalezas personales y con la información y las herramientas adecuadas.

Pero mindfulness no es sinónimo de felicidad, sino de aceptación de la realidad. “No tiene nada que ver con la búsqueda compulsiva de la alegría, pero sí sabemos que con la práctica habitual podemos elevar los niveles de satisfacción y bienestar personal”, puntualiza José Manuel Calvo.

Conseguir enseñarle al cerebro a estimular los neuroquímicos de la felicidad –como las endorfinas, la dopamina o la oxitocina–, mediante la relajación con mindfulness, es la meta que se proponen los tratamientos de neurofelicidad, uno de los conceptos de moda.

“Todo es ‘neuro’, en el sentido en que todas nuestras sensaciones, memorias y actitudes son producto del sistema nervioso, pero creo que se abusa del prefijo al intentar darle respetabilidad científica a todo lo que se quiera poner detrás”, defiende Alberto Ferrús.

Pero para algunos científicos, cuando se estudian estas terapias, se debe tener en cuenta el factor placebo. Aunque aún no hay un consenso sobre la eficacia, tanto de la meditación como de las nuevas tecnologías, lo cierto es que los seres humanos seguirán buscando caminos para abstraerse de la agobiante realidad que nos rodea, así sea con unas gafas de realidad virtual.

Fuente El Espectador

Deja un comentario