Algunos dilemas de los líderes jóvenes

Por: Miguel Antonio González Ramírez.

Conversando con líderes de diferentes compañías en la región, es común encontrar que el día a día de su trabajo les exige estar atentos no solo a los temas técnicos, sino a los temas humanos puesto que es allí donde surgen todos los dilemas.

Un contenido frecuente es: Y ahora que tengo este nuevo cargo ¿cómo hago para liderar personas? Esto para mi es nuevo. En Colombia, como en muchas partes del mundo, contamos con profesionales cada vez mejor formados en diferentes disciplinas, técnicamente capaces de afrontar diversas situaciones y resolverlas con un relativo éxito. Sin embargo, el perfil se ve desafiado cuando requiere desarrollo de competencias asociadas a los temas humanos. En su mayoría, en las organizaciones relativamente estructuradas en las que este desarrollo se formaliza para mejorar los estándares de desempeño.

Cuando entramos con detenimiento en este tema, la diversidad y profundidad de los contenidos es tal, que cada caso daría para escribir un libro; no obstante, podemos precisar algunos contenidos frecuentes. Son dilemas del liderazgo en jóvenes aquellos que en la medida exigen no solo saber sino también ser coherente con los propios valores, los del contexto de trabajo y los resultados esperados.

Si soy muy buena gente se aprovechan de mi.

Este contenido hace referencia a cómo lograr el balance entre la orientación a las relaciones y la orientación a los resultados. Para algunos líderes jóvenes como para la mayoría de las personas, tener buenas relaciones con quienes compartimos la mayor parte del día es muy importante, la dificultad radica cuando tienen que exigir y /o confrontar para avanzar. Ayuda pensar que para contribuir con el desarrollo de las personas no basta con “seducir” mediante el trato, a veces es necesario generar conversaciones que permitan “sacudir” el estatus quo para promover los cambios. Aprender a visibilizar la firmeza es el desafío y es el efecto que dará la medida para hacer los ajustes en el camino.

El tema de gente y las relaciones es responsabilidad de gestión humana.

Esta premisa es mas común de lo que creemos y es el argumento con el cual muchos líderes evitan involucrarse con su gente. La única manera de liderar a un equipo de trabajo es conociendo sus motivaciones personales, que los mueve en la vida, que les apasiona, cómo viven, que sueñan, en que son fuertes y en que no. La conexión antes que ser funcional es humana, y por esto, es claro que los líderes tienen la responsabilidad además de saber esto de los miembros de su equipo, contribuir para que sus metas personales estén conectadas con las profesionales y con las del equipo de trabajo. Así las cosas, los líderes jóvenes incluyen dentro de los temas de su agenda de trabajo, el contacto con las personas de cara a facilitar su desarrollo para que sean mejores como personas y como trabajadores generando las condiciones y gestionándolas a través de los recursos de la compañía. Nos guste o no, para ser mejor persona es necesario hacerlo con otros, aprendiendo a ser un líder centrado en las personas y en el equipo, y esto en menor medida es responsabilidad de gestión humana.

Éramos pares y ahora soy su jefe.

 Es muy frecuente para jóvenes líderes tener que asumir el reto de liderar a un equipo del cual antes era un miembro más. No basta con decirles que seguimos siendo amigos como antes y en el trabajo soy el jefe. La situación implica un poco más de atención a la redefinición de la relación, es decir, ser ejemplo para otros implica actualizar comportamientos que dejen ver esa diferencia. Redefinir la relación significa actualizarla de acuerdo con los requerimientos del contexto. Lo que antes nos sirvió quizás ahora ya no. La clave aquí es la consciencia sobre cuáles conversaciones ahora son necesarias que antes no lo eran. Ahora que se tiene el nuevo rol, es necesario prepararse para tener esas conversaciones de la manera mas efectiva posible. Recordemos que un equipo es un sistema conversacional que toma decisiones para actuar coordinadamente, el líder requiere aprender cuáles conversaciones son útiles para el desarrollo del equipo, cuáles deberán ser abiertas y cuáles no, prepararse para abordar los diferentes tipos de conversación es fundamental. Es sobre las nuevas formas de conversación que se logra la redefinición de relaciones con quienes antes eran nuestros pares y a quienes ahora debo dar ejemplo para el beneficio de los intereses del equipo y de la compañía.

Yo trabajo solo, no tengo equipo.

 El auge de la tecnología y la internacionalización de las organizaciones hace que muchos líderes jóvenes se vean enfrentados a gestionar asuntos y entregar resultados en estructuras matriciales complejas con ocasionales encuentros presenciales con las personas e interacciones la mayor de las veces virtuales. Liderar en este contexto pasa por considerar varios aspectos. El joven líder necesita comprender la estructura y su complejidad identificando los “nodos” clave de la red. Es decir las personas significativas con quienes tiene que interactuar para poder realizar su gestión.

Aunque existe la interacción virtual, es muy importante saber de estas personas como seres humanos, a través de los correos y del celular, los chats y referentes diversos; sin embargo, es conveniente tener presente la dimensión humana, ese ser que esta detrás de esos mensajes, al final del día son ellos de quienes depende el joven líder para que los temas o asuntos de trabajo puedan ser dinamizados. Según lo anterior, hablamos del liderazgo por influencia, en pocas palabras es la habilidad poner en la mente de los otros los asuntos y requerimientos de servicio para ser activados sin hacer uso del poder, la jerarquía, la autoridad y muchas veces sin la cercanía geográfica. Los líderes que aprenden a moverse dentro de estas redes complejas y desarrollan la capacidad para influir en otros en estas condiciones, logran contribuir con los resultados, agregar valor y promover iniciativas de gran alcance geográfico que si bien no se compara con la interacción personal, si forman parte de las exigencias de muchas organizaciones.

 Finalmente, invito a los jóvenes líderes a estar atentos a las interpretaciones con las cuales se refieren a la experiencia, algunas versiones pueden llegar a paralizar no solo al líder sino a todo un equipo. En un sentido amplio, es sabido que los sistemas vivos, las personas, los equipos, la empresas, los negocios, los mercados, etc. cumplen ciclos; como aprendemos de estos ciclos y capitalizamos los aprendizajes para ganar anticipación es una de las claves que he visto resulta muy útil. Se trata de mirar en perspectiva buscando la amplitud dentro de la cual ocurren los eventos, evitar descalificar los avances, reconocer los logros, fluir con los ciclos y los procesos, hacer las distinciones entre los hechos y la interpretación que hacemos de ellos; así como reconocer los errores propios y de otros son algunas señales de que el joven líder esta aprendiendo de la experiencia.

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